Antes de comenzar con la idea central de este pequeño artículo, me permitiré recordar la finalidad de la creación de este blog que consiste en lo siguiente. La juventud universitaria se encuentra en una época en la que la pluralidad de ideas así como la tolerancia de las mismas, son fundamentales para la creación de un nuevo paradigma del vocablo política (cochinero como lo mencionó un colega en su artículo). La finalidad de este blog radica en demostrar que la juventud si creé en algo, creé en México y creé en su preparación académica para que esta última sea el trampolín que contribuya al cambio en México. Los colegas que aquí escribimos y que utilizamos este medio para difundir nuestras ideas, opiniones y/o análisis no pretendemos ofender a persona alguna, ni obligar a cambiar de opinión a los lectores. Nuestra única intención es demostrar que el cambio y mejora en México está en nuestras manos, en las manos de cada uno de los que conformamos el Estado Mexicano y que necesitamos cambiar, lo vamos a cambiar.
Si bien es cierto, las nuevas generaciones estudiosas de la política tienen un interés por cambiar la realidad de México pero ésta no se logrará a base de buenas intenciones ni a través de discursos llenos de frases eufémicas o paroxismos que excitan a la masa, sino teniendo una estructura forjada con buenos argumentos y que den una solución a la demanda de la sociedad. Lo anterior, se logrará cuando nosotros entendamos, aceptemos y practiquemos el concepto –tolerancia- en la vida cotidiana.
En México la palabra tolerancia significa todo, menos eso. Tolerancia no solamente consiste en vociferar “yo respeto tu opinión” o “no importa que seas…”. La TOLERANCIA según su posible raíz latina viene del verbo tolerare que significa soportar, aguantar. El paradigma de tolerancia que la sociedad acepta o conoce es “la tolerancia es aceptar las ideas, la ideología, las preferencias o los gustos de los demás miembros de nuestra comunidad o sociedad”. Ahora bien, cuando escuchamos hablar a cualquier representante de la sociedad dando un discurso o alguna conferencia solemos pensar “este fulano, no sabe lo que dice” o “esta loco este ca…ballero”. Allí comienza nuestro problema. Generalmente creemos que si alguien no piensa como yo, esta mal o es un traidor (cualquier parecido con algún ex-candidato a la presidencia de 2006, es una coincidencia). No. Lo anterior es una falacia. Si queremos lograr algo tenemos que tolerar las ideas y las propuestas que emiten otras personas. En vez de negarnos a propuestas que no van con nuestra ideología, podríamos abstraer lo que nos parezca pertinente o sugerirle a esa persona algún cambio que creamos que mejorará su propuesta.
Es cierto que no es tan fácil y común que nos pongamos de acuerdo, pero si lográramos aceptar que nos equivocamos y utilizar las ideas de otras personas en nuestros proyectos, seguramente lograremos beneficiar a muchas más personas de esta forma, o por lo menos beneficiaríamos a más individuos que si no incluyéramos a nadie en nuestro proyecto.
Es por eso que los países del centro han logrado el progreso; independientemente de sus teorías económicas liberales, o de su ideología conservadora. Es tiempo de que dejemos a un lado la intolerancia, dejar a un lado la enemistad hacia el socialismo (Marxismo, Trotskismo, leninismo, etc.) o hacia el capitalismo y todas las teorías afines a él. Debemos tomar lo mejor de cada ideología, de cada modelo y sobre todo de cada persona para lograr la nueva construcción de esta sociedad. Hasta ahora no he conocido a persona alguna que se niegue al bien común y al bienestar de la sociedad. La mayoría de nuestros representantes buscan ese fin y cada individuo busca su bien, su felicidad. Pero esta no se logrará a base del esfuerzo individual sino a través de la conciliación y la tolerancia.
Cuando aprendamos a tolerar, las ideas y las ideologías diferentes a la nuestra, tendremos la sociedad que tanto anhelamos, en donde el bien común sea la prioridad de nuestros representantes y, por ende, la felicidad social.
POR
Diego Edgar Pérez Flores
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