En aquella hora de la inteligencia mexicana, Vasconcelos exclamó “quiero el derroche de las ideas, porque la idea solo en el derroche prospera.”
Con estas palabras definía la función de la universidad un hombre excepcional que transformó el destino de la educación en México, y que creía que la educación superior es el arma contra la pobreza y la ignorancia.
Hoy las instituciones universitarias no están aisladas del desarrollo social, si no que están hondamente arraigadas en él, unidas a las demás instituciones sociales estrechamente, y obligadas por su esencia misma a revertir sobre la sociedad entera el fruto íntegro de su trabajo.
Al comenzar el siglo XXI la función de las universidades es la de enseñar, aprender, investigar, y formarse en el conocimiento de las generalidades de la cultura para desempeñar un papel protagónico en las actividades económica - política y social formando los cuadros que dirijan al país en el marco de un mundo globalizado y terriblemente competitivo.
En el cumplimiento de estos objetivos se consolida el estado mexicano y por ende se fortalece nuestra nación ya que ambos conceptos son indisolubles.
Al respecto Alfonso Reyes, en su ensayo Nación y Universidad, citica a quienes creen que el concepto de universalismo en el que se fundamente la universidad se contrapone al concepto de nación y precisa que a nadie se oculta que una universidad es, por su nombre, por su definición, por su oficio, algo universal aunque no extranjero: la ciencia no puede tener patria.
México, en la actualidad enfrenta numerosos retos, porque además del neoliberalismo voraz que acecha desde el exterior, tenemos que soportar la crisis interna, en un contexto donde el desempleo, la miseria y la delincuencia organizada amenazan el estado de derecho.
Las universidades sufren el impacto de esta crisis, pero es precisamente en ellas donde toman fuerza las ideas de un cambio en todas las esferas, y donde se acrecienta la conciencia del ser nacional, es decir la certeza de que México es más que un país; de que México es una Nación.
Por ello para los universitarios debe ser una meta integrarse al desarrollo social y luchar a favor de los intereses del pueblo.
Y es necesario decir que el verdadero pueblo mexicano no es la aristocracia ni la plebe, porque ambas carecen de conciencia patria… Tampoco es pueblo la elite intelectual que desprecia cuanto forma el ambiente que la rodea, ni es pueblo, quien despoja a las masas de su tierra, de su pan y las mantiene en la ignorancia o el engaño.
El verdadero pueblo mexicano, exaltado históricamente por el Ateneo de la juventud de los Alfonso Reyes, de los Enríquez Hureña, de los Antonio Caso, etc.… Es aquel que sufrido y esforzado lleva sobre sus espaldas el sustento de la nación sin más patrimonio que el trabajo honrado y esforzado, y que es paciente constructor de una democracia que intenta dejar la juventud, para vivir las experiencias de la plena madurez.
Si el siglo XX, vió el surgimiento de la Universidad Nacional Autónoma de México, y con ella la explosión intelectual que forjo los cimientos de nuestra nación, el siglo XXI, es el siglo que es testigo del constante crecimiento de múltiples universidades, que no obstante, se mantienen unidas en el deseo de ser las forjadoras de las mentes que sustentaran al México del futuro.
La memoria histórica es el signo de la conciencia nacional que no olvida a Don Justo Sierra, el “Maestro de América”; que no olvida a Lombardo Toledano o a Gómez Morín, que no olvida a los estudiantes del 68 que cayeron jóvenes en la plaza de las tres culturas, para levantarse gigantes en el pedestal de la gloria.
Esa memoria histórica nos hace renovar el espíritu universitario, que en palabras de Don José Vasconcelos, adquiere dimensiones extraordinarias:
Con estas palabras definía la función de la universidad un hombre excepcional que transformó el destino de la educación en México, y que creía que la educación superior es el arma contra la pobreza y la ignorancia.
Hoy las instituciones universitarias no están aisladas del desarrollo social, si no que están hondamente arraigadas en él, unidas a las demás instituciones sociales estrechamente, y obligadas por su esencia misma a revertir sobre la sociedad entera el fruto íntegro de su trabajo.
Al comenzar el siglo XXI la función de las universidades es la de enseñar, aprender, investigar, y formarse en el conocimiento de las generalidades de la cultura para desempeñar un papel protagónico en las actividades económica - política y social formando los cuadros que dirijan al país en el marco de un mundo globalizado y terriblemente competitivo.
En el cumplimiento de estos objetivos se consolida el estado mexicano y por ende se fortalece nuestra nación ya que ambos conceptos son indisolubles.
Al respecto Alfonso Reyes, en su ensayo Nación y Universidad, citica a quienes creen que el concepto de universalismo en el que se fundamente la universidad se contrapone al concepto de nación y precisa que a nadie se oculta que una universidad es, por su nombre, por su definición, por su oficio, algo universal aunque no extranjero: la ciencia no puede tener patria.
México, en la actualidad enfrenta numerosos retos, porque además del neoliberalismo voraz que acecha desde el exterior, tenemos que soportar la crisis interna, en un contexto donde el desempleo, la miseria y la delincuencia organizada amenazan el estado de derecho.
Las universidades sufren el impacto de esta crisis, pero es precisamente en ellas donde toman fuerza las ideas de un cambio en todas las esferas, y donde se acrecienta la conciencia del ser nacional, es decir la certeza de que México es más que un país; de que México es una Nación.
Por ello para los universitarios debe ser una meta integrarse al desarrollo social y luchar a favor de los intereses del pueblo.
Y es necesario decir que el verdadero pueblo mexicano no es la aristocracia ni la plebe, porque ambas carecen de conciencia patria… Tampoco es pueblo la elite intelectual que desprecia cuanto forma el ambiente que la rodea, ni es pueblo, quien despoja a las masas de su tierra, de su pan y las mantiene en la ignorancia o el engaño.
El verdadero pueblo mexicano, exaltado históricamente por el Ateneo de la juventud de los Alfonso Reyes, de los Enríquez Hureña, de los Antonio Caso, etc.… Es aquel que sufrido y esforzado lleva sobre sus espaldas el sustento de la nación sin más patrimonio que el trabajo honrado y esforzado, y que es paciente constructor de una democracia que intenta dejar la juventud, para vivir las experiencias de la plena madurez.
Si el siglo XX, vió el surgimiento de la Universidad Nacional Autónoma de México, y con ella la explosión intelectual que forjo los cimientos de nuestra nación, el siglo XXI, es el siglo que es testigo del constante crecimiento de múltiples universidades, que no obstante, se mantienen unidas en el deseo de ser las forjadoras de las mentes que sustentaran al México del futuro.
La memoria histórica es el signo de la conciencia nacional que no olvida a Don Justo Sierra, el “Maestro de América”; que no olvida a Lombardo Toledano o a Gómez Morín, que no olvida a los estudiantes del 68 que cayeron jóvenes en la plaza de las tres culturas, para levantarse gigantes en el pedestal de la gloria.
Esa memoria histórica nos hace renovar el espíritu universitario, que en palabras de Don José Vasconcelos, adquiere dimensiones extraordinarias:
“Por mi raza hablara el espíritu”.
José Luis Ortíz Pérez