sábado, 29 de noviembre de 2008

Caso de la Creencia; Respuesta a la Pregunta Alvariana del "Creer"

Precipitadamente, creo.


Quizá no he pensado seriamente si debo de creer en algo, Quizá el hombre cree en lo que desconoce pero al mismo tiempo le teme y lo respeta.


Al creer en algo, se idealiza y se le confiere a un objeto un valor imaginario que se materializa algunas de las veces en las acciones humanas. De la misma manera cuando se cree en algo y se materializa la creencia puede errarse, y después se piensa que de la acción se deriva un hecho considerado como bueno o malo, aunque uno mismo no puede pensar que se cometió un mal hasta que lo que piensa.

El pensar que se ha hecho, cometido o infligido algo malo, conduce a “Juicios de Valor”. De cierta manera uno afrenta al sistema en el que se vive al cuestionarse algo del mismo.


Yo creía quizás en ese sentimiento de atracción que hoy los comunes denominan “amor” , luego me di cuenta que mis estimulos respondían a un ente ficticio, creado, idealizado y reafirmado por mi mismo. Idealizaba a un objeto imaginario dado que no sabía de autocontrol, no controlaba ésas acciones ni mucho menos manejaba las respuestas materializadas y objetivas, porque en principio no sabía como actuaba.


Al “comprender” que sólo idealizaba a un objeto por sus carecteristicas cualitativas exteriores y tangibles, no lo valoraba en el interior, (si es que mi objeto puede ser dividido y si tiene un interior o un exterior o si también reacciona a los estimulos auto-inducidos o de los que se encuentran en el medio)

Al “final” me di cuenta (si es que he llegado a un final) de que no necesitaba creer en ese objeto que llevaba al hombre a actuar de ciertas maneras, todo ésto en un proceso repetitivo.


No descarto totalmente que quizás sea necesario para la vida, actuando en el plano donde se confunde el medio con el fin. Pero la mayoría de las veces quisiera no tener sentimientos que me lleven a actuar (irónicamente, mantendría una postura al ser indiferente)


En éste momento, ya no necesito como fin último y primero,uno de los grandes pilares en los que creeía: El “Amor” Quizás sea lo conveniente creer en mi futuro profesional y en un falso sistema que me ha enseñado a creer. A bien sería aclarar que uno cree en el falso sistema que le han prometido porque da felicidad ,ya que de no hacerlo, y si no se confunde el medio con el fin, uno mismo habrá “muerto” en esa falsa felicidad que le han predispuesto.

En éste momento, no pienso en algo que sea suceptible de llamar mi atención (amor, gente, como actúan).

Dialécticamente, mis ideas de creencias son impulsadas por sentimientos humanos que no comprendo o no comprendo del todo: “Las pasiones, son el motor de acción del hombre, ergo, el hombre piensa en lo que ha hecho, entonces dudar de mi sería dudar de mi verdad (¿Mesianismo?)” Me lleva a el “cogito ergo sum” . Al pensar me libero.

Quizá y esté equivocado en todo lo que hago.

Las creencias idealizadas debilitan al hombre.

Tal vez es momento de empezar a manejar las verdades como tesis, no como síntesis en sí, debemos de observar nuestra verdad a través de las interpretaciones de los otros en los demás. Debemos de aceptar que nuestra tesis tiene antítesis y de ambas surge la sintesis. (. . . )


Y ahora que empieza diciembre:

En ese momento desperté con una sonrisa que quizá me duró hasta las 3 de la tarde cuando volvi al mundo de los muertos vivientes y lanzando pedazos de pensamiento al aire me dije 'Me gusta el sol de invierno que brilla y no calienta, porque se puede sentir la frialdad intriniseca del ser en la naturaleza de las cosas' Volvi a ser feliz por un tiempo como algún día lo fui...



Saul Torres Rivero.

2 comentarios:

rubikpolítico dijo...

Estoy de acuerdo con lo que se expone. Sin llegar al grado del relativismo total, es verdad que nuestras creencia parten de una concepción de lo que tomamos por verdad. Cuando hemos considerado algo como verdadero, pensamos que esta sintesís es irrefutable. Creo de la misma forma que Saúl que las verdades deben ser tomadas como tesis , y no sintesís, lo que nos permitira cuestionarlas si existe algún punto de inflexión entre dos verdades, sindo una superior a la otra. Es decir siendo una verdad aplicable a un contexto general y la otra únicamente a uno particular. Esto nos lleva al reconocimiento del conocimiento como un ente dialéctico. Es decir un ente que se encuentra en un cambio constante a partir de las contradicciones que se gestan en su propio cuerpo.

rubikpolítico dijo...

El autor del comentario anterior es Mauro Espínola.